
Durante años, en gvSIG hemos insistido en un concepto que muchas veces se despachaba como ideológico, romántico o incluso ingenuo: la soberanía tecnológica.
Hoy, en pleno contexto de tensiones geopolíticas, disrupciones en las cadenas de suministro y dependencia estructural de tecnologías externas, ese concepto ha dejado de ser un debate académico para convertirse en una necesidad estratégica.
Europa importa alrededor del 80 % de su infraestructura y tecnología digital. Esto no es solo una cuestión económica: es una vulnerabilidad política, operativa y democrática. Dependemos de decisiones tomadas fuera de nuestro marco legal, de nuestros intereses y, en muchos casos, de nuestros valores.
La pregunta ya no es si queremos soberanía tecnológica.
La pregunta es qué pasa si no la tenemos.
La soberanía no va de fronteras, va de control
Hablar de soberanía tecnológica no significa aislarse, ni levantar muros digitales, ni renunciar a la colaboración internacional. Significa algo mucho más concreto y práctico: mantener el control.
Control sobre:
- cómo funcionan las tecnologías que usamos,
- quién puede auditarlas,
- quién decide su evolución,
- y qué ocurre si mañana el proveedor desaparece, cambia las reglas o responde a intereses ajenos.
Tener los datos en un centro de datos europeo es importante, pero no es suficiente. La soberanía real no se resuelve moviendo servidores.
Los cuatro pilares de una soberanía tecnológica real
En el debate europeo se habla cada vez más de cuatro dimensiones clave, que encajan sorprendentemente bien con lo que desde gvSIG llevamos defendiendo desde hace años:
- Soberanía en la seguridad
No basta con confiar: hay que poder verificar. Poder auditar el código, los procesos y los mecanismos de seguridad es clave en sectores públicos y regulados. - Soberanía en las operaciones
Quién mantiene el sistema, quién lo despliega, quién puede modificarlo y bajo qué condiciones. Sin control operativo, la soberanía es solo teórica. - Soberanía en los datos
Dónde se almacenan, cómo se procesan y, sobre todo, qué legislaciones externas pueden afectarlos, incluso sin que seamos conscientes. - Soberanía técnica
Quizá la más olvidada… y la más importante. Usar estándares abiertos y software libre no es una cuestión filosófica: es la única forma de evitar dependencias irreversibles de proveedor.
Software libre: una condición necesaria (aunque no suficiente)
El software libre no garantiza automáticamente la soberanía, pero sin software libre no hay soberanía posible.
El acceso al código fuente:
- permite auditar,
- permite adaptar,
- permite evolucionar,
- y permite cambiar de proveedor sin rehacerlo todo desde cero.
En gvSIG siempre hemos defendido que la tecnología debe estar al servicio de las personas y de las instituciones, no al revés. Por eso apostamos por estándares abiertos, interoperabilidad real y comunidades técnicas que no dependen de una única empresa o país.
No es casualidad.
Es una decisión política en el mejor sentido del término.
Un ecosistema abierto frente a la dependencia estructural
La soberanía tecnológica no se construye con productos aislados, sino con ecosistemas: administraciones, empresas locales, universidades, comunidades técnicas y usuarios finales colaborando en igualdad de condiciones.
Este enfoque:
- fortalece el tejido tecnológico local,
- reduce riesgos sistémicos,
- fomenta la competencia real,
- y permite evolucionar sin quedar atrapados en soluciones cerradas.
Justo lo contrario de convertirse en una colonia digital, como ya advierten algunos representantes europeos.
gvSIG: soberanía tecnológica antes de que fuera urgente
Cuando gvSIG nació, el discurso dominante era otro. Se hablaba de eficiencia, de costes, de “no reinventar la rueda”.
Hoy, sin renunciar a nada de eso, sabemos que el verdadero valor está en la autonomía, la resiliencia y la capacidad de decidir.
La soberanía tecnológica no es una moda reciente para nosotros.
Es el hilo conductor de todo el proyecto.
Y probablemente, en los próximos años, será uno de los debates más importantes para el futuro digital de Europa.



