Emprendedores, una bonita palabra que en los últimos tiempos resuena con cada vez más fuerza, al menos en España y siempre ligado a los cambios de modelo para salir de la crisis.
Emprendedores. De manera inmediata nos traerá a la mente a gente entusiasta, brillante y con ganas de trabajar. Un escape para muchos. Pero claro, aquí a veces nos gusta hurgar en la parte menos bonita de la historia.
Emprendedores como brillantes y audaces individuos ¿Para hacer qué? Y sobre todo. ¿Para trabajar dónde?
En el sector TIC estamos en una dinámica donde los contratos para la realización de proyectos se dirigen cada vez más a destinatarios que sean capaces de ofrecer una gran variedad de servicios. Es decir, a las grandes corporaciones. Me temo por tanto que muchos de esos emprendedores no les quedará otra que ser subcontratados por esas corporaciones en una relación asimétrica a la hora de fijar condiciones de trabajo como el precio y el horario. ¿Horario? “Pero si eres un emprendedor y además haces lo que te gusta. Trabaja mañana y tarde, laborable y festivo, que para eso has decidido ser tu jefe, tu empresa”.
No está de más echar un vistazo a otros sectores productivos. Recuerdo hace pocos años que algo parecido se orientó en España en el sector del Transporte, al objeto de que los profesionales terminaran haciéndose autónomos que acaban siendo subcontratados por las grandes empresas. Estas empresas de una parte pueden eliminar asalariados, o sugerirles que se hagan autónomos, y de otra parte fijan unas condiciones del tipo: “Hoy trabajas. Cobras. No trabajas. No cobras. Y no me hables de vacaciones, enfermedades o seguros, que para eso has decidido ser una empresa.”
No dudo que hay gente brillante que le irá muy bien con esta aventura. Pero también nos gusta pensar en esa gran mayoría que no tenemos la suerte de ser tan brillantes y no por eso creo que debamos renunciar a una serie de derechos.
Me temo que tras esa idealización de los emprendedores hay muchos deseos de empobrecer las características del mercado laboral, acudiendo a mano de obra formada pero barata, sin horarios, pero que acaba el trabajo en los tiempos que fija el contrato o no cobra. Ah y por supuesto que se olvide de esos derechos de enfermedad, etc.
Me temo que es un canto más al individualismo, a ese famoso divide y vencerás. Emprendedores, piensen en organizarse, en adquirir tamaño crítico y en hacer valer sus derechos. Pues como decimos por aquí. La unión hace la fuerza.